Después de las fiestas, el inicio de año no siempre se siente como un nuevo comienzo lleno de energía. Para muchas personas, enero llega con una mezcla de cansancio físico, saturación social y una sensación rara de “ya debería estar motivado, pero no lo estoy”. Y no, no es flojera: es agotamiento acumulado.
Las semanas previas suelen estar llenas de compromisos, desvelos, gastos, convivencia intensa y cambios en la rutina. El cuerpo y la mente lo resienten, aunque el calendario marque “inicio”. Por eso, pretender arrancar el año a toda velocidad puede sentirse más pesado que inspirador.
Empezar el año con calma no significa quedarse estancado, sino reconocer que el descanso también forma parte del progreso. Volver poco a poco a los horarios, retomar hábitos sin exigencia extrema y aceptar que la energía regresa gradualmente es una forma más realista de comenzar.
Este enfoque rompe con la idea de que enero debe ser productivo, transformador y perfecto desde el día uno. A veces, el mejor arranque es uno suave: priorizar el sueño, ordenar pendientes sin urgencia y dejar espacio para procesar lo vivido.
El cansancio post fiestas no es un obstáculo, es una señal. Escucharla puede hacer que el resto del año se construya desde un lugar más equilibrado, sin prisa y con menos culpa. Porque no todos los comienzos tienen que ser explosivos; algunos solo necesitan ser tranquilos para durar.
Por : Andy I.






