En los últimos meses, México ha enfrentado un escenario epidemiológico complejo en el que dos enfermedades prevenibles —la influenza y el sarampión— han tenido repuntes significativos. Aunque ambos fenómenos han sido ampliamente cubiertos por los medios, es importante ponerlos en contexto, explicar sus causas, mecanismos de transmisión y cómo repercuten en el sistema de salud y en la economía del país sin fomentar alarma innecesaria.

¿Qué está ocurriendo con el sarampión?

El sarampión, una enfermedad viral altamente contagiosa, había estado controlado en México durante décadas gracias a la vacunación. Sin embargo, entre 2025 y 2026 —especialmente— se ha observado un aumento sostenido de casos, con miles de contagios y varias decenas de defunciones en distintos estados del país.

  • Desde 2025 se han registrado más de 9,000 casos confirmados y más de 28 muertes en el país asociadas al brote.
  • La baja cobertura de vacunación ha sido señalada como el factor principal que permite la propagación del virus.
  • La OMS/OPS emitió alertas epidemiológicas pidiendo intensificar la vigilancia, la vacunación y la respuesta rápida ante cada brote.

¿Por qué reaparece? El virus del sarampión se transmite con gran facilidad y puede causar brotes cuando la cobertura de vacunación baja de alrededor del 95%, lo que deja segmentos de la población vulnerables. Esta caída en coberturas no es única de México, sino un fenómeno regional y global.

¿Qué pasa con la influenza?

La influenza circula de forma estacional en México y el mundo. No siempre alcanza niveles epidémicos alarmantes, pero tiene impactos importantes cada temporada, particularmente cuando hay variantes más activas o cuando la cobertura de vacunación es insuficiente.

Aunque México no reporta un brote extraordinario de influenza “pandémica” en este momento (como ocurrió en 2009-2010 con H1N1), la gripe sigue siendo una de las principales infecciones respiratorias agudas, con miles de casos cada año, hospitalizaciones y, en algunos grupos vulnerables, muertes.

¿Cómo influyen estos brotes en el sistema de salud?

Carga para hospitales y personal

  • Tanto el sarampión como la influenza incrementan la demanda de servicios de salud —consultas, hospitalizaciones, pruebas de laboratorio— especialmente en temporadas de mayor transmisión.
  • La influenza, por su naturaleza estacional, tiene un patrón repetitivo de cargas en el sistema, y cada caso que se atiende utiliza recursos médicos, camas y medicación que también pueden necesitarse para otras enfermedades.

Sistema de vigilancia epidemiológica

La Secretaría de Salud y organismos como el Instituto Nacional de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos trabajan en la vigilancia activa de casos, especialmente para enfermedades prevenibles por vacunación como el sarampión. Además, existen esfuerzos de capacitación en búsqueda y respuesta rápida ante brotes.

¿Cuál es el impacto económico?

Las epidemias y los brotes de enfermedades prevenibles tienen consecuencias económicas concretas:

Costos directos

  • Gasto en atención médica: Hospitalizaciones, consultas y tratamientos generan costos importantes para el sistema de salud pública y para las familias.
  • Recursos humanos y materiales: Aumentar la vigilancia epidemiológica y las campañas de vacunación requiere inversión en personal, insumos y logística.

Costos indirectos

  • Productividad y ausentismo: Personas enfermas, o cuidadores de enfermos, pueden faltar al trabajo o a la escuela, lo que representa pérdida de productividad económica.
  • Pérdida de ingresos familiares: En sectores informales o sin prestaciones, una enfermedad puede significar ingresos reducidos por días no laborados.

Estudios internacionales y algunos basados en México señalan que la vacunación es costo-efectiva: cada dólar invertido en inmunización puede ahorrar múltiples dólares en costos sanitarios y pérdidas productivas.

El papel de la vacunación y las políticas públicas

La vacunación sigue siendo la intervención más eficaz para prevenir tanto el sarampión como la influenza grave:

  1. Cobertura universal: Mantener tasas altas de inmunización evita no solo la enfermedad en individuos, sino también la propagación comunitaria del virus.
  2. Acceso equitativo: Programas de vacunación con acceso gratuito y sin necesidad de seguro, como los implementados recientemente por el gobierno en campañas intensivas, favorecen la protección de grupos vulnerables.
  3. Educación y confianza: Informar con base científica sobre la seguridad y eficacia de las vacunas ayuda a mejorar la percepción pública y reducir la desinformación.

Lejos de ser fenómenos inexplicables o producto de “crecimientos repentinos,” los recientes repuntes de sarampión y la circulación de influenza en México reflejan una combinación de factores:

  • Coberturas de vacunación subóptimas, que permiten la reintroducción de enfermedades prevenibles.
  • Presión sobre los servicios de salud, que incluye atención primaria, vigilancia epidemiológica y respuesta rápida.
  • Impacto económico real, tanto en costos directos de salud como en productividad y bienestar social.

Abordar estas epidemias con perspectiva explicativa y basada en evidencia —y no alarmista— implica comprender que invertir en vacunación y en sistemas de salud resilientes es una inversión en la salud pública y en la economía del país.