Durante mucho tiempo, estar presente en internet parecía suficiente. Subir una foto, un video o una frase y esperar a que alguien lo viera. Pero hoy, en un entorno saturado de publicaciones, solo aparecer ya no garantiza conectar, ni ser recordado.

Las personas consumen contenido todo el tiempo, casi sin notarlo. Deslizan, saltan, ignoran. No porque lo que ven sea malo, sino porque hay demasiado. En medio de ese ruido, subir por subir se vuelve invisible. El problema no es la falta de publicaciones, sino la falta de intención detrás de ellas.

Ya no se trata de cuántas veces apareces, sino de qué dejas cuando apareces. El contenido que funciona no es necesariamente el más elaborado, sino el que entiende a quién está del otro lado de la pantalla. El que aporta algo: una idea, una emoción, una respuesta o incluso una pausa.

También cambió la forma en que las personas perciben a las marcas y creadores. Se nota cuando alguien publica solo por cumplir o por no desaparecer. Esa urgencia por estar siempre activos termina cansando, no solo a quien consume, sino también a quien crea.

Subir contenido sin un propósito claro puede generar presencia, pero no conexión. Y sin conexión, no hay recuerdo. Por eso, cada vez cobra más valor pensar antes de publicar: ¿para qué está esto?, ¿a quién le habla?, ¿qué quiero que pase después de que alguien lo vea?

Hoy, menos publicaciones con más sentido pueden tener más impacto que una avalancha diaria sin dirección. Porque en un mundo donde todos hablan al mismo tiempo, lo que realmente destaca no es quien publica más, sino quien comunica mejor.

Al final, estar en línea ya no es suficiente. Lo que importa es cómo y para qué se está.

Por : Andy I.