La sobreestimulación es un fenómeno que ocurre cuando el cerebro recibe más estímulos sensoriales de los que puede procesar adecuadamente. Esto puede generar incomodidad, estrés y, en algunos casos, crisis emocionales. Si bien todas las personas pueden experimentar sobreestimulación en algún momento, es más frecuente y tiene un impacto más profundo en las personas neurodivergentes, como aquellas con autismo, TDAH y otras condiciones relacionadas. Reconocer y tratar la sobreestimulación es fundamental para mejorar su calidad de vida.

¿Qué es?

La sobreestimulación ocurre cuando los estímulos sensoriales (como luces, sonidos, olores, texturas, entre otros) superan la capacidad del cerebro para procesarlos. Esto puede generar una sensación de “desbordamiento” que afecta tanto a la mente como al cuerpo. Ejemplos comunes incluyen estar en una habitación ruidosa, en un ambiente con luces brillantes o en una multitud, situaciones que pueden ser abrumadoras para las personas que tienen una sensibilidad sensorial más alta.

Sobreestimulación en personas neurodivergentes 

Las personas neurodivergentes, como aquellas con trastorno del espectro autista (TEA) o trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), tienen un procesamiento sensorial diferente al de las personas neurotípicas. Según Temple Grandin, una de las figuras más destacadas en el ámbito del autismo, las personas con autismo a menudo experimentan una “sobrecarga sensorial” mucho más intensa que los neurotípicos (Grandin, 2013). Este exceso de estímulos puede llevar a una pérdida de control emocional, ansiedad e incluso comportamientos disruptivos.

El procesamiento sensorial deficiente o diferenciado en personas neurodivergentes puede hacer que situaciones cotidianas, como ir de compras o asistir a una reunión, resulten en una experiencia abrumadora. Los sentidos no filtran los estímulos innecesarios, lo que hace que todo se perciba con la misma intensidad.

¿Cómo se ve y se siente?

Cuando una persona experimenta sobreestimulación, puede presentar una variedad de síntomas como:

  • Ansiedad o pánico.
  • Irritabilidad o frustración.
  • Fatiga extrema.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Comportamientos de evitación (alejarse de situaciones específicas).
  • Llanto o agresión (en casos extremos).

Estos efectos no solo son emocionales, sino que también pueden tener un impacto físico, como dolores de cabeza o malestar general. Es importante estar atento a estos síntomas para poder intervenir de manera adecuada.

¿Cómo puedes tratarla?

Existen diversas estrategias para manejar la sobreestimulación, tanto a corto como a largo plazo:

Estrategias a corto plazo:

  • Buscar un lugar tranquilo: alejarse del entorno abrumador y encontrar un espacio donde los estímulos sean mínimos.
  • Uso de herramientas sensoriales: auriculares, gafas de sol, o incluso audífonos que bloqueen ruidos pueden ayudar a reducir el impacto de la sobreestimulación.
  • Técnicas de respiración: practicar respiración profunda, como la técnica 4-7-8 (respirar por la nariz durante 4 segundos, sostener la respiración durante 7 segundos y exhalar por 8 segundos), puede calmar el sistema nervioso.

Estrategias a largo plazo:

  • Autorregulación sensorial: enseñar a las personas neurodivergentes a reconocer cuándo están siendo sobreestimuladas y ofrecerles herramientas para manejar la situación, como pausas regulares en actividades de alta demanda sensorial.
  • Adaptación del entorno: Evitar situaciones sensorialmente sobrecargadas o modificarlas para crear espacios más amigables, como reducir el ruido o las luces brillantes en lugares públicos.
  • Terapias ocupacionales: Los terapeutas ocupacionales pueden trabajar con las personas neurodivergentes para ayudarlas a desarrollar habilidades de regulación sensorial.

¿Por qué es importante reconocerlas?

Reconocer la sobreestimulación es crucial para proporcionar un apoyo adecuado a las personas neurodivergentes. Cuando se entiende que una persona está experimentando sobreestimulación, se pueden tomar medidas para evitar que la situación empeore, lo que mejora su bienestar emocional y físico. La empatía y el reconocimiento de sus necesidades sensoriales no solo mejoran su calidad de vida, sino que también promueven una mayor integración social y un entorno más inclusivo.

El conocimiento de la sobreestimulación también es importante para padres, maestros, terapeutas y otros profesionales que trabajan con personas neurodivergentes, ya que les permite crear estrategias personalizadas para manejar situaciones difíciles y brindar apoyo adecuado.

La sobreestimulación es una experiencia común pero a menudo mal comprendida en personas neurodivergentes. Reconocer sus síntomas y saber cómo manejarlos es esencial para garantizar el bienestar de estas personas. Con un mayor entendimiento, podemos crear entornos más comprensivos y adaptados a sus necesidades, promoviendo una mayor inclusión y empatía.