El nuevo color Pantone del año no llega para llamar la atención de forma estridente, sino para invitar a hacer una pausa. Se trata de un tono claro, suave y sereno que apuesta por la calma en un momento en el que todo parece ir demasiado rápido. En contraste con años anteriores dominados por colores intensos y llenos de energía, esta elección refleja una necesidad colectiva de respirar, bajar el ritmo y reconectar con lo esencial.
Este color funciona casi como un lienzo en blanco: transmite equilibrio, claridad y una sensación de inicio limpio. No busca imponerse, sino acompañar. En un mundo saturado de estímulos visuales, pantallas y notificaciones constantes, su presencia se siente como un respiro visual que invita a simplificar y a encontrar belleza en lo minimalista. Más que una tendencia pasajera, representa un estado de ánimo.
En moda, este tono se perfila como un básico moderno que combina con todo y se adapta a diferentes estilos, desde looks relajados hasta propuestas más elegantes. En diseño de interiores, refuerza espacios luminosos, tranquilos y acogedores, mientras que en branding y diseño gráfico comunica honestidad, neutralidad y confianza. Es un color que no grita, pero permanece.
La elección del nuevo color Pantone también abre conversación. Para algunos puede parecer demasiado discreto o incluso arriesgado por su aparente sencillez, pero justo ahí está su fuerza. En tiempos donde todo compite por atención, optar por la suavidad se convierte en una declaración poderosa. Nos recuerda que no siempre es necesario destacar para ser relevante.
Más allá de su aplicación estética, este color simboliza una nueva forma de empezar: con menos ruido, más intención y mayor conciencia. No promete cambios radicales, sino pequeños ajustes que, poco a poco, transforman la manera en que vemos y habitamos el mundo. Un tono que no solo se mira, sino que se siente.
Por : Andy I.






