No hacen ruido, no vienen con etiqueta ni se anuncian como “lo nuevo”, pero están ahí, infiltrándose poco a poco en la forma en que vivimos, consumimos y nos expresamos. Son esas tendencias silenciosas que no buscan protagonismo, pero terminan definiendo el momento. No nacen en pasarelas ni en grandes lanzamientos, sino en hábitos cotidianos que se repiten hasta volverse parte del paisaje.
Una de ellas es la preferencia por lo simple: espacios menos saturados, ropa funcional, decisiones más conscientes. También está el gusto por lo imperfecto, lo usado, lo que tiene historia. En lugar de perseguir lo último, muchas personas están eligiendo lo que se siente auténtico y cercano, aunque no sea nuevo ni espectacular. Lo mismo pasa con el tiempo: agendas menos llenas, planes más pequeños y una clara intención de bajar el ritmo.
Estas tendencias no buscan aprobación ni likes; avanzan sin prisa y sin nombre oficial. Tal vez por eso conectan tanto. Reflejan un cansancio colectivo hacia lo artificial y una necesidad real de equilibrio. Al final, lo que no parece tendencia termina siendo lo más influyente, porque no intenta imponerse, simplemente responde a cómo queremos vivir ahora.
Por : Andy I.






