El Tarot Rider-Waite-Smith, publicado en 1909 en Londres por la editorial William Rider & Son, marcó un punto de inflexión en la historia del tarot occidental. Esta baraja no solo consolidó un nuevo estándar visual, sino que transformó la manera en que se interpretaban las cartas, convirtiéndose en la base de cientos de mazos contemporáneos y en el referente principal para la lectura moderna.

El proyecto fue impulsado por Arthur Edward Waite, ocultista y estudioso del esoterismo, miembro de la Hermetic Order of the Golden Dawn. Waite buscaba crear un mazo que integrara un simbolismo profundo en cada carta, superando las barajas tradicionales que solo ilustraban los arcanos mayores y dejaban los menores como simples símbolos numéricos.

La dimensión artística estuvo a cargo de Pamela Colman Smith, ilustradora con formación en Nueva York y también integrante de la misma orden esotérica. Smith realizó las 78 ilustraciones completas del mazo, incluyendo los 56 arcanos menores con escenas detalladas. Esta innovación permitió que cada carta contara una historia visual, facilitando la interpretación intuitiva y enriqueciendo su profundidad psicológica.

El estilo iconográfico del mazo se nutrió de corrientes como el art nouveau y de tradiciones anteriores como el Tarot de Marsella. Gracias a ello, figuras como El Loco, La Emperatriz, El Ermitaño o La Luna adquirieron una dimensión arquetípica más compleja, cargada de simbolismo espiritual y narrativo.En 1910, Waite publicó The Pictorial Key to the Tarot, un texto guía que explicaba el significado simbólico de cada carta y fortaleció el uso del mazo tanto para la adivinación como para la autoexploración. Con el paso del siglo XX, el Rider-Waite-Smith ganó popularidad internacional y hoy es considerado un puente entre la tradición antigua del tarot y su expansión como herramienta de introspección y crecimiento personal.