¿Cuándo fue la última vez que no hiciste absolutamente nada? No escuchar música, no ver una serie, no revisar redes sociales y tampoco contestar mensajes. Simplemente estar ahí, esperando. Para muchas personas, esa situación puede sentirse extraña. En cuanto aparece un momento vacío, nuestra reacción casi automática es sacar el celular.
El aburrimiento parece haberse convertido en algo que queremos evitar a toda costa. Si estamos esperando a alguien, abrimos Instagram. Si estamos en el coche, vemos videos. Si tenemos cinco minutos libres, revisamos mensajes. Cualquier pequeño espacio de tiempo puede llenarse con contenido.
Pero aburrirse no necesariamente es algo malo. De hecho, esos momentos en los que no estamos recibiendo información constantemente pueden permitir que nuestra mente descanse, imagine cosas o simplemente procese lo que hemos vivido durante el día. Algunas de nuestras mejores ideas pueden aparecer precisamente cuando no estamos intentando producir nada.
Quizá por eso cada vez valoramos más los momentos de desconexión. Salir a caminar sin estar pendientes del teléfono, sentarnos en una terraza o incluso esperar sin sacar inmediatamente el celular puede sentirse casi como un ejercicio de paciencia.
No significa que tengamos que renunciar a la tecnología ni convertir el aburrimiento en una nueva obligación. Se trata simplemente de recuperar la posibilidad de no estar haciendo algo todo el tiempo.
Porque tal vez el problema no es que tengamos poco tiempo libre, sino que ya no sabemos qué hacer cuando lo tenemos. Y quizá aprender a aburrirnos otra vez sea una de las formas más sencillas de recuperar nuestra atención.
Por : Andy I.






