Durante mucho tiempo pensamos que el lujo tenía que ver con tener más: una casa más grande, un coche mejor, viajar constantemente o poder comprar cosas que no todos podían tener. Pero algo está cambiando. Hoy, uno de los lujos más difíciles de conseguir parece ser algo mucho más sencillo: tener tiempo.
Vivimos corriendo. Contestamos mensajes mientras desayunamos, revisamos correos fuera del horario de trabajo y llenamos nuestros días de pendientes. Incluso cuando tenemos un momento libre, muchas veces sentimos que deberíamos estar haciendo algo productivo.
Por eso, tener una tarde completamente libre empieza a sentirse casi como un privilegio. Poder comer sin prisa, leer, caminar, ver una película o simplemente no tener nada pendiente puede ser mucho más valioso que comprar algo nuevo.
También está cambiando nuestra manera de pensar en el éxito. Antes parecía que tener una agenda llena era una señal de que alguien estaba haciendo muchas cosas importantes. Ahora, cada vez resulta más atractivo lo contrario: tener la libertad de decidir qué hacer con nuestro tiempo.
Y quizá por eso también buscamos simplificar. Menos compromisos, menos cosas que mantener, menos conversaciones que no aportan y menos necesidad de estar disponibles todo el tiempo. No necesariamente porque queramos hacer menos, sino porque queremos disfrutar más lo que sí elegimos hacer.
El tiempo tiene una característica que lo hace diferente de cualquier otro lujo: no podemos comprarlo de vuelta. Podemos comprar una experiencia, un objeto o un viaje, pero no podemos regresar a una tarde que dejamos pasar por estar demasiado ocupados.
Tal vez el verdadero lujo ya no sea demostrar cuánto tenemos, sino cuánto podemos disfrutar sin estar corriendo. Tener tiempo para nosotros, para nuestra familia, para nuestros amigos y hasta para no hacer nada puede convertirse en una de las formas más bonitas de sentir que realmente tenemos una vida que estamos disfrutando.
Por : Andy I.






