El glow up está en todos lados. En redes, en videos, en “antes y después”… y básicamente se trata de transformarte en una mejor versión de ti. Suena increíble, ¿no? Y sí, puede serlo… pero también tiene su otro lado.

La idea original del glow up no era solo verse mejor, sino sentirse mejor: tener más confianza, mejorar hábitos, crecer como persona. Pero con el tiempo, se ha vuelto mucho más visual. Ahora parece que todo gira alrededor de cómo te ves, qué usas o qué tan “perfecta” es tu rutina.

Y ahí es donde empieza la presión.

Sin darte cuenta, puedes empezar a sentir que siempre necesitas mejorar algo: tu cuerpo, tu estilo, tu vida. Como si nunca fuera suficiente. Y eso puede ser agotador.

Además, en redes todo se ve rápido y fácil. Cambios increíbles en poco tiempo, rutinas impecables, resultados perfectos. Pero casi no se ve lo difícil, lo lento o los días en los que simplemente no pasa nada.

Aun así, el glow up no es algo negativo por sí mismo. Querer crecer, sentirte bien contigo y cuidar de ti es algo súper positivo. La diferencia está en desde dónde lo haces.

Tal vez no se trata de cambiar para encajar, sino de mejorar porque tú quieres, a tu ritmo y sin presión.

Porque al final, el mejor glow up es el que te hace sentir bien, no el que solo se ve bien.

Por : Andy I.