Si últimamente has visto campañas con referencias a los años 80, 90 o 2000, productos que parecen sacados de otra época o marcas recuperando diseños antiguos, no es casualidad. La nostalgia se ha convertido en una herramienta muy poderosa para conectar con los consumidores.

Las marcas entendieron algo bastante sencillo: recordar una época que nos hizo sentir bien puede generar una conexión emocional mucho más fuerte que simplemente mostrarnos un producto.

Por eso estamos viendo regresar logotipos antiguos, empaques retro, canciones que reconocemos de inmediato, personajes de nuestra infancia y campañas inspiradas en décadas pasadas. Incluso productos que nunca habíamos considerado interesantes pueden llamar nuestra atención cuando están relacionados con un recuerdo.

Además, la nostalgia funciona de una manera muy particular. No solamente nos recuerda algo que pasó, también nos hace recordar cómo nos sentíamos en ese momento. Una canción puede transportarnos a una etapa específica, una fotografía puede recordarnos a nuestros amigos o un diseño puede hacernos pensar en nuestra infancia.

Las redes sociales han ayudado muchísimo a que estas referencias vuelvan a aparecer. Una tendencia puede recuperar una canción, una estética o un producto de hace veinte años y hacer que millones de personas vuelvan a hablar de él en cuestión de días.

Pero existe un reto para las marcas: la nostalgia no puede sentirse completamente artificial. Los consumidores reconocen rápidamente cuando una marca está intentando aprovechar una tendencia solamente porque está de moda.

Cuando funciona, la nostalgia consigue algo muy valioso: hace que una marca deje de ser solamente un producto y se convierta en parte de una historia personal.

Quizá por eso mirar hacia atrás se ha vuelto una de las formas más efectivas de conectar con el presente. Las marcas no solamente están vendiendo lo que fuimos; están utilizando esos recuerdos para recordarnos por qué ciertas cosas todavía nos hacen sentir algo.

Por : Andy I.